Rainiero III: El príncipe que transformó Mónaco

Los Grimaldi han continuado el legado del monarca, que consiguió convertir uno de los estados más pequeños del mundo en un gran centro turístico y empresarial, además de protagonizar un amor de película con Grace Kelly.

17 años después de su muerte, Rainiero sigue muy presente en su país

El 6 de abril de 2005 falleció en su Principado Rainiero de Mónaco a los 81 años a causa de una infección broncopulmonar y ello dejó devastados a sus ciudadanos y también a su familia. La desolación de sus tres hijos, Carolina (65), Alberto (64) y Estefanía (57), durante su funeral evidenció el dolor de quedarse huérfanos.

Las princesas no pudieron, y tampoco quisieron, frenar las lágrimas que corrían por sus rostros tras perder a su padre. No en vano estaban muy unidos a él tras la prematura muerte de su madre, Grace, a los 53 años. Una semana antes de su muerte, Alberto había asumido la regencia sin cumplir el deseo de su padre: verle casado. Lo hizo seis años después y esta era una de las grandes preocupaciones de Rainiero:

«El príncipe Alberto debe casarse. Este palacio no está destinado a ser el feudo de un Viejo solterón. Espero, naturalmente, que haya niños enseguida de ese matrimonio».

DESTINO DESEADO

Su alteza serenísima no pudo ver como su sucesor cumplía sus anhelos, los de formar una familia y también los de perpetuar’ su legado, trabajando en la senda que él inició cuando decidió transformar el Principado en un Estado soberano y, a la vez, atractivo para los millonarios.

Cuando Rainiero ascendió al trono, con 26 años, tras la muerte de su abuelo, Luis II, se encontró con un Principado empobrecido por el endeudamiento de la Segunda Guerra Mundial. El casino de Mónaco y uno de sus hoteles más lujosos, el París, que antaño estaban repletos, apenas tenían clientes, y mientras algunos apostaban porque el país se anexionara a Francia, otros pugnaban porque se convirtiera en una República.

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Muy pocos confiaban en que el joven príncipe pudiera reinar con éxito, algo en lo que tuvo mucho que ver el armador griego y multimillonario Aristóteles Onassis, que aportó un millón de dólares como socio para que el casino pudiera sobrevivir y también controlaba varios hoteles y atracciones turísticas.

Él fue su aliado durante años y le ayudó a que el pequeño Principado volviera a ser el destino más deseado por las grandes fortunas europeas. Algo en lo que tuvo mucho que ver la boda de Rainiero con Grace Kelly, ya que su historia de amor de película conquistó no solo a su pueblo, sino al mundo entero.

El enlace se produjo menos de un año después de que se conocieran en el Festival de Cine de Carmes y a él se opuso en bloque la monarquía europea, que creía que la actriz no estaba a la altura. Tampoco estaba muy contento el padre de Grace, que tuvo que pagar una dote de dos millones de dólares, una costumbre que le parecía anacrónica.

Pero Grace trajo el ‘glamour’ al Principado y con él llegó el dinero de los turistas y la fortuna para los Grimaldi. Rainiero transformó por completo el país, levantando rascacielos y construyendo instalaciones turísticas, haciendo de Mónaco uno de los enclaves más caros del mundo y un paraíso fiscal.

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Cuando murió, la fortuna personal de Rainiero se cifró en unos dos mil millones de euros fruto de sus negocios.

UN GOLPE MUY DURO

Su éxito profesional estuvo acompañado durante años de la felicidad personal, que disfrutó hasta la muerte de Grace en un trágico accidente de tráfico, en 1982. La actriz logró estar a la altura de una gran primera dama y criaron felices a sus tres hijos, pese a que les dieron más de un quebradero de cabeza, ya que Carolina se casó con Philippe Junot, considerado un cazafortunas, y Estefanía era muy rebelde.

Pero el fallecimiento de la princesa supuso un revés para toda la familia y, en especial, para Rainiero, que nunca se repuso de su muerte. Ante la ausencia de su esposa, se volcó en sus hijos, desaprobando las relaciones de la benjamina, consolando a Carolina tras la muerte de su esposo y preocupándose por la soltería de su sucesor.

Muy unido a todos ellos y ejerciendo de tierno abuelo con sus nietos, su alteza serenísima se marchó asegurando el porvenir de todos ellos.

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