Morgan Freeman: Un grande de la interpretación

El norteamericano ha dado vida a policías, mafiosos, bandidos, presidentes… y hasta al mismísimo Dios, pero a sus 85 años le quedan muchos papeles que interpretar. «Cuando te paras, te mueres, y yo no estoy preparado para morirme», afirma.

El 1 de junio de 1937 nació Morgan Freeman, un hombre que, con su talento, estaba destinado a hacer el mundo un poquito mejor. Sus inicios en la interpretación fueron de lo más curiosos, ya que se debieron a un castigo.

Estando en el colegio le quitó una silla a una chica que iba a sentarse y, ante tal travesura, le castigaron obligándole a ir a clases de teatro. Pero en realidad le hicieron un gran favor, ya que encontró su vocación.

“Desde muy pequeño soñó con trabajar en las películas. Iba al cine todos los días, aunque me resultaba muy difícil encontrar el dinero para pagar la entrada», recuerda ahora con nostalgia. Aun así, tras graduarse en la escuela secundaria, rechazó una beca para ir a la universidad y prefirió entrar a trabajar como mecánico para la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos.

Pero el gusanillo de la interpretación seguía en su interior, así que se mudó a Los Ángeles para empezar a tomar clases privadas de interpretación, al tiempo que retomó su carrera universitaria. Como tantos otros actores, su primera gran escuela fue el teatro y durante muchos años trabajo casi en exclusiva sobre las tablas, labrándose un gran prestigio en Broadway.

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No fue hasta 1987, con 50 años ya cumplidos, cuando Freeman logró hacerse un hueco en el cine gracias a la candidatura al Óscar por ‘El reportero de la calle 42’. A partir de ese momento se convirtió en uno de los actores afroamericanos más aclamados y logró que le diesen papeles que no habían sido escritos inicialmente para un personaje de color.

Algo que abrió un camino muy importante a las siguientes generaciones, aunque Morgan no le dé demasiada importancia: «No tengo la sensación de que los actores negros jóvenes estén en deuda conmigo».

UNA PROLÍFICA CARRERA

Su carrera se volvió imparable gracias a títulos inolvidables como ‘Paseando a Miss Daisy’ (1989), ‘Cadena perpetua’ (1994), ‘Seven’ (1995) o ‘Million Dollar Baby’ (2004), por la que se alzó con el Óscar.

Seis años después volvió a ser nominado por su magnífica interpretación de Nelson Mandela en ‘Invictus’ (2010). Y es que, aunque ya era un madurito cuando se inició en el cine, ha protagonizado cerca de cien títulos. Y los que le quedan porque a sus 85 años no piensa dejar de trabajar.

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“Cuando te paras, te mueres. Y yo no estoy preparado para morirme», asegura, añadiendo que, aunque ha cumplido muchos sueños, le queda el más importante: «Yo quería ser piloto y lo fui. Quise ser marinero y también. Quería ser jinete y soy un muy buen jinete. Ahora mi mayor sueno es poder quedarme aquí un tiempo más, disfrutando de la vida».

MUY PERSONAL

Sufre parálisis en su mano izquierda desde que en 2008 sufrió un accidente, y siempre lleva un guante que le estimula el riego sanguíneo. Es apicultor. Le encanta navegar y el golf. Su nombre está patentado como marca.

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