Kiko Rivera e Irene Rosales: «No hay perdón para Isabel Pantoja»

Aunque tras la muerte de doña Ana el DJ se ilusionó con una reconciliación, la relación con Isabel es nula y el matrimonio no tiene intención de acercar posturas «Ahora no va a haber ninguna conversación», aclara la nuera de la tonadillera.

Este último año ha sido uno de los más complicados para Kiko Rivera (37) e Irene Rosales (30).

Al dolor que ya arrastraban por la pérdida de los padres de la colaboradora de ‘Viva la vida’ y los problemas con las adiciones del DJ se ha unido también el desencuentro con su madre, Isabel Pantoja (64).

Una situación que ha hecho mella en él, y de ahí que haya repetido en más de una ocasión que se encuentra en su «momento más difícil».

El sufrimiento de su mujer no ha sido menor y, aunque ha intentado estar al pie del cañon, apoyando a su marido, no ha tenido suficientes fuerzas y acabo dejando su trabajo y pidiendo ayuda profesional para poder superar y afrontar todo lo que ha ocurrido en los últimos tiempos.

Ambos estén pasando por un momento emocional muy delicado que culmino con la muerte de doña Ana el pasado mes de octubre. Pese al duro golpe que supuso la pérdida de la matriarca, también se presentó como una oportunidad para que madre e hijo acercaran posturas.

En aquel momento, el hermano de Isa (25) visito la finca y se fundió en un abrazo con la artista. Todo apuntaba a que habría reconciliación entre ellos, pero no ha sido así. Ni Kiko ni Irene han conseguido firmar la paz con Pantoja.

«POR EL VOY A MUERTE»

El pequeño de los Rivera ya conté que, de nuevo, había perdido el contacto con su madre cuando ella no quiso contestar a sus preguntas. Ahora ha sido la propia Irene la que ha reconocido que no van a pasar las Navidades en Cantora porque antes es necesaria «una conversación» con Isabel para aclarar las cosas.

Pero, además, ha vuelto al programa del que se fue para sincerarse como nunca acerca de la relación que mantiene con su suegra. «Kiko esperaba que yo tuviera un acercamiento con su madre cuando murió su abuela. Pero yo hice lo que tenía que hacer. También se murió mi padre hace un año y también se podían haber acercado posturas y no paso. No se me ha pasado por la cabeza hablar con ella porque no tengo nada que hablar. Tengo la conciencia muy tranquila y ahora no va a haber ninguna conversación», ha confesado con la calma que la caracteriza.

Rosales también ha apuntado el motivo que cree que la distancié de su familia política:

«Yo siempre he respondido a todo y allí se ha podido ver mal (refiriéndose a Cantora). Además, por mi marido voy a ir a muerte y le voy a defender en un plató».

A estas contundentes declaraciones se unen también las que el DJ ha realizado en ‘Planeta Calleja’, un programa que se grabó hace meses, antes de la muerte de su abuela, pero en el que abrió su corazón sobre sus sentimientos hacia la artista.

«Para mí, ser madre no solo es parir. Parir puede hacerlo cualquiera. Ser madre no. En toda su vida, solo me ha llevado diez veces al colegio. Mi abuela era la que me daba amor; la que me besaba, la que me abrazaba», reconoció con contundencia.

«NO LE TOQUE LA BARRIGA»

Y no solo eso. Kiko volvió a hablar muy claramente de su problema con las drogas y confesé que guarda rencor a su madre por su actitud en este tema.

«Ella también tiene su parte de culpa. Es la labor de un padre saber por donde va su hijo. Quizá si hubiese estado más atenta yo no hubiese caído», sentenció.

Respecto a la época más turbulenta de su vida, el artista también realizó otras confesiones.

«He sido drogadicto y he llegado a consumir hasta cuatro y cinco gramos al día. Salía un viernes de fiesta y volvía al viernes siguiente. Me he llegado a fundir siete u ocho millones en fiestas», explico con arrepentimiento a la vez que reconocía que sufrió «una recaída» después de que salieran a la luz los problemas con su madre asegurando que se «refugió en la cocaína».

Una adición que, como revelé entre lágrimas, le ha supuesto graves consecuencias a nivel personal y uno de los mayores errores de su vida.

«Cuando mi mujer se queda embarazada de Carlota, no lo acepté y no le toqué la barriga ni una vez. El día de su nacimiento tampoco y después me fue ganando. Fue muy duro», admitió confesando que ahora esté bien, pero tiene «el demonio en el hombro».

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