Estefanía de Mónaco cumple 56 años

Estefanía de Mónaco cumple 56 años

Estefanía de Mónaco cumple 56 años

El ocaso de la princesa rebelde

La hermana de Alberto de Mónaco vive de manera discreta, volcada en su trabajo en varias fundaciones benéficas, presidiendo el Festival Internacional de Circo de Montecarlo y priorizando su papel como madre.

Estefanía de Mónaco ha cumplido 56 años en una de las etapas más tranquilas y estables de su vida. Su nombre ya no se asocia a los escándalos y hace años que dejó dc ser objetivo de la prensa por su afán de vivir locamente y con conductas poco propias de una ‘royal’.

La hermana pequeña de Alberto de Mónaco (62) se hizo mayor y se cansó del apodo que le pusieron hace cuatro décadas, ‘la princesa rebelde’, y que la persiguió durante gran parte de su vida:

¡Basta ya! Se han quedado anclados en los años ochenta. ¡Por favor! Ya no soy esa persona. Me considero ante todo madre, tengo tres hijos que he criado yo misma.

Razón no le falta porque su vida actual no tiene nada que ver con la que llevaba en su juventud. Vive discretamente en un ático en el Principado con su hija pequeña, Camille (22), y, como una ciudadana más, se la puede ver paseando por la calle o comprando en un supermercado vestida con ropa cómoda. Pasa todo el tiempo que puede con sus tres hijos, Pauline (26), que es diseñadora de moda, Louis (28), que está felizmente casado y trabaja como directivo de un club de fútbol, y Camille, que se dedica a la comunicación, se siente muy orgullosa de ellos y apoya públicamente todos sus proyectos, consciente del valor que sigue teniendo su imagen y sobre todo por la pasión que siente por sus vástagos. Su benjamina confirmó la cercanía y confianza que hay entre ellos:

Mi madre lloró cuando mis hermanos abandonaron el nido y llorará cuando yo me vaya también. Es una mamá gallina. Nos llama a todas horas y nos dice lo mucho que nos quiere varias veces al día

ESTEFANÍA DE MÓNACO NO SE ADAPTABA AL PAPEL

Además de en sus hijos, Estefanía se ha volcado en otras dedicaciones: las organizaciones benéficas y el circo, que es su debilidad. Es la presidenta de honor del Festival de Circo de Montecarlo, que fundó hace más de cuatro décadas Rainiero de Mónaco y al que acudía siendo una niña con sus padres y hermanos. Es la presidenta de varias asociaciones y entidades sociales y culturales; está centrada en la fundación que creo en 2004, Fight Aids Mónaco, para ayudar a enfermos de sida; y suele organizar galas, conciertos y subastas para obtener fondos.

Como miembro de la familia real acude a actos oficiales, pero son contados y su ausencia suele ser la noticia en la celebración del Día Nacional de Mónaco y en el tradicional Baile de la Rosa. Estefanía vive un ocaso elegido por ella y que ha logrado tras reconocer que no era feliz con el papel que le había tocado vivir. Hace cinco años decía:

No me adaptaba al papel de princesa, a tener que ir con un vestido maravilloso, a ese lado glamuroso de la monarquía. Eso no es para mí. Soy una mujer como cualquier otra, lo único que hago es aprovechar mi notoriedad para ayudar a cambiar las cosas.

ESTEFANÍA DE MÓNACO Y LA LIBERTAD COMO BANDERA

Lo cierto es que ni siquiera en su época más polémica se adaptaba a ese rol. Su padre, Rainiero, la definía como su ‘niña salvaje’, por el carácter testarudo que demostró desde pequeña y que se transformó en rebeldía en la adolescencia cuando apostó por un ‘look’ andrógino explotando su faceta ‘sexy’. Intentó ser modelo y posó en bikini con sus propios diseños, y también probó fortuna en el mundo de la música.

Mostró la misma libertad a la hora de enamorarse. Tuvo romances con Rob Lowe o Paul Belmondo y se casó dos veces, la primera con el guardaespaldas Daniel Ducruet y la segunda con el acróbata Adans Peres. Se fue a vivir con un domador casado y se enamoró de otro guardaespaldas, padre de su tercera hija, dejando claro que, pese a ser princesa, iba a vivir como quería, algo que sigue haciendo hoy en día.

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