Especial: ADIÓS A ISABEL II

El mundo entero Llora la pérdida de la soberana más longeva de la historia, quien se ganó el cariño y la admiración de los británicos poniendo toda su apasionante vida a su SERVICIO y que marcó una era y salvó la monarquía.

Gran Bretaña y el mundo entero estén de luto por la muerte de Isabel II a los 96 años. La soberana más longeva de la historia, la reina entre las reinas, la más querida, respetada y admirada, murió el pasado 8 de septiembre en su residencia favorita, la de Balmoral, en Escocia, donde pasaba sus veranos. En ella recibió dos días antes de fallecer a la recién estrenada primera ministra británica, Liz Truss, la misma a la que el secretario personal de la reina llamó para comunicar su pérdida con la frase: «El puente de Londres ha caído», poniendo en marcha el operativo diseñado hace más de seis décadas para despedir a la soberana.

Isabel II ejerció su papel durante 70 años de forma impecable y estuvo al pie del cañón hasta su último aliento. Su figura es insustituible no solo en su país, sino en el mundo al que vio cambiar y transformarse durante su centenaria vida. En su lecho muerte estuvo acompañada por Carlos de Inglaterra (73) y su esposa, Camila de Cornualles (75), que estaban con ella en Balmoral, además de su hija Ana (72).

El resto de sus hijos, nietos y bisnietos acudieron a su residencia en cuanto supieron la gravedad de su estado, pero llegaron tarde. Ahora, todos lloran su pérdida, como el pueblo británico entero, devastado con una noticia que nunca esperaran que llegara porque Isabel II parecía eterna.

DESEOS ANTES DE IRSE

Lo cierto es que hasta la muerte de su marido, el duque de Edimburgo, el 9 de abril de 2021, la monarca gozó de bastante buena salud. Pero el fallecimiento de su compañero de vida a los 99 años fue un golpe tremendo que le afectó mucho. Poco dada a expresar sus emociones, en su último discurso de Navidad, ya viuda, se refirió a él como su «amado esposo» al que toda la familia «echaba de menos».

«La Navidad puede ser difícil también para quienes han perdido a sus seres queridos. Este año, especialmente, entiendo por qué», pronunció con nostalgia frente a una foto de ambos. Desde la muerte del duque, los achaques fueron constantes. En octubre de ese año, la reina paso una noche ingresada después de ocho años sin dormir en un hospital, y un mes más tarde sufrió un esguince de espalda que la obligó a ausentarse del tradicional Servicio del Domingo del Recuerdo.

Fue entonces cuando se la vio utilizando un bastón en la abadía de Westminster, la primera vez que lo usaba para un compromiso importante y que evidenciaba sus problemas de movilidad. En febrero de 2022 se contagió de covid-19 y, aunque solo tuvo síntomas leves, reconoció que la enfermedad la había dejado «muy cansada y exhausta».

Poco a poco, Isabel II se iba apagando y su ausencia constante en eventos de alta importancia, como la apertura del Parlamento o varios actos de su jubileo, despertaron la preocupación de los británicos. Precisamente, en la víspera de la celebración de sus 70 años de reinado, difundió un comunicado que sonaba a despedida y en el que manifestaba su deseo de que, llegado el momento, los británicos brindaran a Carlos y a Camila «el mismo apoyo» que a ella y que quería que la duquesa de Cornualles fuera «reina consorte No en vano Isabel II y la casa Windsor lo tenían todo previsto para este momento y la sucesión asegurada.

Llama la atención que la reina más importante de la historia no nació para desempeñar este papel, pero el destino caprichoso hizo que con solo 10 años sé convirtiera en la heredera y con 25 subiera al trono en la primera ceremonia de coronación televisada en el Reino Unido.

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Corría el año 1953 y 27 millones de personas vieron ese momento histórico. Cuatro años antes, con 21, ya manifestó su compromiso con la Corona: «Declaro ante todos vosotros que toda mi vida, independientemente de lo larga o corta que sea, la dedicaré a serviros y a servir a la gran familia imperial a la que todos pertenecemos».

Nadie imaginó entonces que serian siete décadas de intachable trabajo, en las que solo cometió un error, que el pueblo británico, que siempre ha sentido devoción por ella, le afeó. Ocurrió tras la muerte de Lady Di, pero Isabel II rectificó y le dio a su nuera el lugar que merecía. Este gesto la reconcilió con sus súbditos y desde entonces ha sido el miembro más querido de toda su extensa familia, a la que siempre ha intentado mantener unida, pese a los escándalos que han acabado salpicándola, pero no manchándola.

Su reinado no admite ni un solo, pero, y por eso el mundo entero la llora porque cuando cerró los ojos se llevó con ella un siglo de historia y experiencias únicas que nadie podrá experimentar nunca.

EXPERIENCIAS ÚNICAS

Sería imposible contar los momentos histéricos que ha vivido, desde la Segunda Guerra Mundial, que estalla cuando tenía 14 años, hasta, siendo reina ya, la llegada del hombre a la Luna, en 1969, o el levantamiento y la caída del Muro de Berlín. Ha conocido a 15 primeros ministros del Reino Unido, 14 presidentes de Estados Unidos y 7 papas. También ha vivido 17 juegos olímpicos y su voz se ha escuchado hasta en la Luna, ya que envió un mensaje al Apolo 11.

Isabel II visité más de 100 países en los cinco continentes y sin necesidad de pasaporte, porque ella no lo precisaba. Como tampoco tenía ni necesitaba permiso para conducir, algo que hizo hasta los 90 años, y tampoco usaba matrícula en su vehículo oficial. Posó para 139 retratos oficiales a lo largo de su vida y se adaptó con facilidad a las nuevas tecnologías, algo que la ayudó mucho durante la pandemia del covid-19, donde siguió trabajando por videollamada.

A los 50 años, en 1976, su majestad mando su primer correo electrónico; en 1997 estrenó la pagina web oficial de la monarquía británica; y en 2007 inauguró su canal de YouTube, al que siguieron más perfiles en otras redes sociales

GRAN SENTIDO DEL HUMOR

Detrás de su papel de reina se escondía una mujer sencilla, práctica, de campo, con gran sentido del humor y poco egocéntrica. Una muestra de su carácter bromista se puso de manifiesto cuando su marido regreso a Londres de un largo viaje en 1957 con barba; ella organizó una fiesta de bienvenida en la que todos los invitados lucieron una barba falsa.

Era divertida y tenía un gran talento para imitar acentos y a personajes públicos, como Boris Yeltsin o Margaret Thatcher, aunque siempre dentro de su círculo íntimo. Su timidez la llevo a adoptar una de sus señas de identidad, su bolso negro, al que se aferraba en los actos oficiales. Un bolso icónico de la marca Launer London del que ha usado tres modelos diferentes durante toda su vida y del que guardaba en su vestidor 250 piezas.

Otra eran sus míticos conjuntos de un solo color, siempre por debajo de la rodilla y en tonos chillones para que su equipo de seguridad la reconociera. Isabel II sentía una gran pasión por los animales y famosos son sus caballos pura sangre, que montaba siempre que podía. A lo largo de su vida tuvo más de 30, la raza de perro nativa de Gran Bretaña que se ha convertido en uno de los símbolos de la corona.

Entre sus alimentos favoritos estaban las tartas con faisán, el paté, los huevos revueltos y la mermelada de frambuesa. Y, al igual que hacía su madre, la soberana tomaba una copa de ginebra con hielo cada día.

Cifras y pinceladas de la vida para su familia, Isabel II para el mundo entero, que se queda huérfano de la reina, que cumplió su promesa de dedicar toda su vida a servir al pueblo inglés.

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Las alarmas sobre el estado de salud de Isabel II saltaron cuando los miembros de su familia directa, como Harry y su hijo Eduardo con su esposa, viajaron hasta el castillo de Balmoral, en Escocia. Sus rostros lo decían todo.

Miles de ingleses quisieron presentar sus condolencias en el palacio de Buckingham, residencia oficial de la soberana, que en pocas horas se llenó de flores, velas y mensajes de recuerdo hacia la reina, por la que sienten devoción

Además de reina, Lilibeth, como la llamaban en casa, era una mujer muy familiar, madre y esposa. La muerte de su marido, el duque de Edimburgo, en 2021, fue un gran golpe para ella, que fue minando su salud. Su último acto fue apenas 21 horas antes de su fallecimiento.

En los actos del jubileo, la reina salió al balcón acompañada de sus herederos, su hijo Carlos, en primer lugar, su nieto Guillermo y el pequeño Jorge, el tercero en la Línea de sucesión.

Estaba muy orgullosa de la familia que había formado con el duque de Edimburgo, aunque era poco cariñosa con sus cuatro hijos, más por su educación y por la rigidez de la clase alta británica que por una frialdad de sentimientos, que si demostró con sus nietos y bisnietos.

Era sencilla, poco egocéntrica, muy divertida y se adaptó muy bien al cambio de los tiempos y a las nuevas tecnologías. Durante la pandemia trabajó por videollamada.

Dos imágenes que recordaremos de Isabel ll: su ‘look’ campestre con pañuelo en la cabeza; y el institucional, con trajes de un solo color y su icónico bolso negro.

La chica dulce y tímida que no nació para reinar

Pese a sus 70 incansables años en el trono, Isabel ll no nació para ser reina. La soberana británica era la primogénita de los duques de York y ocupaba el tercer lugar en la línea de sucesión, por lo que parecía muy poco probable que algún día ejerciese esa función. Su abuelo, el rey Jorge V ocupaba el trono británico, y su tío Eduardo, príncipe de Gales, era el heredero natural.

Sin embargo, su destino cambio en 1936 con la abdicación del entonces rey Eduardo Vlll, que renuncio al trono por amor y convirtió a su hermano, Jorge VI, padre de Isabel, en monarca del Reino Unido, un acto en el que tanto ella como su hermana Margarita estuvieron presentes. Desde ese momento y con apenas 10 años, la tímida y dulce Lilibeth se convirtió en heredera.

Sin embargo, la salud de su padre, el rey, fumador empedernido, comenzó a empeorar en 1951. El 6 de febrero de 1952, falleció con 53 años. Ese día, Isabel, a los 25 años, se convertía en reina, una noticia que recibió en Kenia, donde se encontraba en viaje de Estado. No obstante, no sería coronada hasta junio de 1953 en una ceremonia celebrada en la abadía de Westminster.

Sus dos grandes polémicas familiares

Su dilatado reinado no ha estado exento de turbulencias políticas, sociales y también familiares. Una de las polémicas que más afectaron a su imagen y por la que también ella sufrió enormemente fue el divorcio de Carlos (73) y Diana y la trágica muerte de esta en 1997. Isabel ll consideró que su fallecimiento era un asunto privado y que no había lugar para un funeral de Estado, aunque la presión ciudadana la hizo rectificar y, además de dirigirse a la nación lamentando su pérdida, se inclinó ante su féretro como serial de respeto.

Otro disgusto más reciente, pero no por eso menos doloroso, fue la decisión de su nieto Harry (37) y su esposa, Meghan Markle (41), de retirarse de sus deberes reales como miembros de alto rango de la familia real, un gesto que entristeció mucho a la soberana, sobre todo por las acusaciones de racismo que vertieron los Sussex en su entrevista posterior con Oprah Winfrey.

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