Meghan y Harry se muestran más felices y cómplices que nunca en los Juegos Invictus, gestos con los que han parecido querer remarcar su felicidad lejos de los Windsor.

Dos años después del denominado ‘Megxit’, los duques de Sussex han regresado juntos a Europa. Y lo han hecho, como suele ser habitual en su caso, rodeados de polémica y controversia. Y es que el evento y el lugar elegidos por Harry (37) y Meghan (40) para volver al Viejo Continente han sido los Juegos Invictus, de los que el príncipe es fundador en La Haya, capital de los Países Bajos, y no Reino Unido, donde su ausencia fue más que notable durante la misa funeral celebrada en honor de Felipe de Edimburgo a finales de marzo. Un detalle que no ha pasado inadvertido para la sociedad británica, muy crítica con cada paso que da la pareja desde que decidió romper con la Corona.

BESOS Y COMPLICIDAD

Una de las cosas que más han llamado la atención de este viaje han sido las constantes y edulcoradas muestras de afecto y cariño que se han dedicado los duques en público, entre las que no han faltado besos y constantes miradas de complicidad.

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Un derroche de amor que, para muchos, no solo ha resultado un tanto artificial, sino que habría tenido el objetivo de hacer hincapié en la gran felicidad que viven desde que cortaron sus lazos con los Windsor.

UNA PROMESA LA REINA

No obstante, las aguas podrían haber comenzado a calmarse entre los Sussex y la familia real. Y es que, antes de aterrizar en Holanda, la pareja se reencontró en Londres con Isabel II (96) en una reunión que Harry ha calificado de «genial» y que, Según fuentes próximas, fue «increíblemente cálida y afable».

Tanto es así que ambos han sido invitados formalmente a las celebraciones del jubileo de platino de la reina en junio. Y, aunque ellos no han confirmado su asistencia, si han prometido a la soberana que pronto podrá abrazar a Archie (2) y Bet, de 10 meses.

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