Doña Sofía cada vez más sola

La emérita ha pasado la peor Semana Santa de su vida con la única compañía de su hermana, mientras se evidenciaba la ruptura total en el seno familiar con los reyes y sus hijas, por un lado, y Juan Carlos, las infantas y sus nietos mayores, por otro.

Podría pensarse que el tener una familia grande es un sinónimo de no encontrarse solo en la última etapa de la vida, pero eso no parece ocurrir en el caso de doña Sofía (83), que, pese a tener marido, tres hijos y ocho nietos, ha pasado las últimas fiestas con la única compañía de su hermana Irene (79), que desde hace mucho tiempo es su amiga, consejera y pafio de lágrimas.

Ella fue quien la acompañó a Palma de Mallorca, como siempre ha hecho, donde la emérita paso unos días de descanso en el palacio de Miravet, su residencia de vacaciones y donde ha vivido sus épocas más felices. En la isla, dona Sofía aprovechó para acudir a varios actos, como un concierto de Proyecto Hombre en la catedral de Palma, donde se mostró tan encantadora como siempre.

También, como un mallorquín más, disfruto de las procesiones, y en especial de la más multitudinaria, la del Crist de la Sang, durante el Jueves Santo. En primera línea y tras las barreras de protección, la emérita y su hermana vieron el paso del Cristo comentando varios detalles entre ellas.

UN DAÑO COLATERAL

Se esperaba que también asistiera a la misa de Pascua y Resurrección, como ha hecho desde 1995 a excepción de los dos últimos años, en los que no ha podido acudir por la pandemia, pero ella también ha roto esta tradición después de que los reyes, Felipe (54) y Letizia (49), decidieran no asistir con sus hijas.

Una ausencia motivada, quizá para evitar su imagen entrando sola en el templo y saliendo del mismo modo, lo que reflejaría lo que es un hecho: el distanciamiento entre los diferentes miembros de la familia real que la ha dejado a ella en absoluta soledad y en tierra de nadie.

Al menos públicamente, porque en esas mismas fechas su hijo, Felipe, se trasladó a la isla en un viaje privado y la prensa local asegura que visitó a su madre en el palacio en el que ha veraneado toda su vida. Un encuentro del que no hay imagen gráfica, como si la hay de la visita que hizo el rey a las instalaciones del’ Club Náutico del Arenal con motivo de la celebración de la Copa de España de clase 420.

Vestido de ‘sport’, Felipe aceptó de buen grado inmortalizarse con los regatistas allí reunidos y, por fortuna, la Federación Cántabra de Vela lo compartió en su Instagram. Una instantánea que en su momento paso inadvertida, pero que ahora demuestra que madre e hijo coincidieron en la isla.

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Parece que lo lógico es que se hubieran dejado ver juntos, paseando por las calles mallorquinas o asistiendo incluso a algún evento, pero es algo que no ocurrió porque desde que el rey subió al trono, en junio de 2014, todos los movimientos de Zarzuela han ido dirigidos a distanciarse lo máximo posible del reinado de Juan Carlos I y doña Sofía, aunque esto suponga dejar a un lado a la emérita, que es quien más ha trabajado y mejor para salvaguardar la imagen de la Corona.

Y no solo eso, como madre, también ha protegido a sus tres hijos, Felipe, Elena (58) y Cristina (56), ha estado a su lado en los momentos más duros y se ha volcado con todos sus nietos, feliz en su papel de abuela. Un trabajo «impagable»utilizando las mismas palabras que uso Letizia para definir el ejemplo que le estaba dando su suegra cuando era aún la prometida del, príncipe que parece que toda su familia ha olvidado, a tenor de los últimos acontecimientos.

Lo cierto es que nada es lo mismo en el seno de los Borbones desde hace años y lo sucedido en Palma es una muestra más de ello. Hace tres años que los reyes no acuden con sus hijas en Semana Santa a la isla y este 2022, que hubiera sido una buena ocasión con la pandemia bajo control, han alegado que los «tiempos convulsos», que vivimos con la guerra de Ucrania, no aconsejaban una imagen «festiva».

Una explicación que para muchos ha sido una excusa y la ocasión perfecta de dejar a un lado esta tradición para moldear su reinado a su gusto, como ha hecho Felipe desde que se convirtió en rey.

Nadie duda de su honda preocupación por el conflicto armado y, en este sentido, la primera aparición de Leonor (16) durante sus vacaciones escolares fue para visitar el Centro de Recepción, Acogida y Derivación de Refugiados ucranianos en Pozuelo de Alarcón, en Madrid, junto con sus padres y su hermana, Sofía (14), en el que era su primer acto oficial después de seis meses.

Allí escucharon los testimonies de las personas que tuvieron que abandonar su país y se interesaron por su estado. Una realidad durísima que el rey quiere que sus hijas vean de primera mano.

UNA ‘VENGANZA’

Lo que nadie esperaba, probablemente ni siquiera ellos, es que horas antes se publicara una fotografía de Juan Carlos en Abu Dabi, donde reside, con sus hijas, Cristina y Elena, y gran parte de sus nietos mayores: Victoria Federica (21), Juan (22), Pablo (21), Miguel (19) e Irene (16). Y es que todos ellos #solo faltaba Froilán (23) visitaron al emérito aprovechando los días de fiesta y se fotografiaron para la posteridad.

Una estampa que es mucho más que una imagen familiar, ya que representa la unión y el apoyo sin fisuras de las infantas a su padre en sus horas más bajas y evidencia que entre los Borbones hay dos bandos bien diferenciados. De un lado, la familia real, que son los reyes y sus dos hijas, como llevan años recordando desde Zarzuela; y, de otro, la familia del rey, que incluye al resto de los miembros.

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Y en esta especie de ’juego de tronos’ cabe preguntarse donde queda doña Sofía, de la que todos parecen haberse olvidado al dejarla sola en Palma de Mallorca, cuando era ella quien año tras año reunía a sus nietos en verano para pasar unos días juntos y el emérito, el gran ausente en estos encuentros.

Es de suponer que la madre del rey sabía donde iban a estar sus hijas y sus nietos, pero quizá no esperaba que esta imagen se publicara. Una fotografía que, según afirma ‘El Confidencial Digital’, fue filtrada por los amigos del emérito como ‘venganza’ por el mal trato que consideran que se le está dando y para, de paso, reivindicar su figura, «hartos de que se le esté permanente ninguneando y escondiendo».

No en vano sería muy inocente pensar que decidieran difundirla por casualidad el mismo día de la reaparición de Leonor, y de ahí el malestar y el enfado de Zarzuela, ya que mostró a las claras las diferencias entre los dos bandos.

¿QUÉ VA A SER DE ELLA?

Pero en este distanciamiento familiar, que ya nadie oculta, la mayor damnificada es doña Sofía, que se encuentra en el medio, puesto que mantiene una relación cordial con todos sus seres queridos y, probablemente, incluso habrá querido tender puentes entre ellos, como haría cualquier madre y abuela, aunque en este caso sin éxito.

De ahí su tristeza y penar en la que ha sido una de las peores semanas santas de su vida, ya que se siente más sola que nunca. «Echa mucho de menos a los suyos, no los ve tanto como quisiera, sobre todo a sus nietos, en el fondo se siente demasiado sola…

Y es una pena porque es una mujer muy sensible y entrañable», cuenta alguien de su entorno a ‘Informaba’. Tras trabajar toda la vida por la Corona en su papel de reina, ahora se ve apartada y, aunque la queja y la protesta no caben en su forma de ser -hay que recordar que es la última reina con Sangre azul y fue criada para ello desde la cuna-, es inevitable que la decepción y la desolación aniden en su corazón y se pregunte qué más le falta por ver y el incierto futuro que le espera.

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