Concha Velasco más sincera que nunca: «Los 82 años me han caído fatal»

Tres meses después de su retirada reconoce que no quiere que el público la recuerde con un aspecto deteriorado. Me cuesta mucho andar, afirma la actriz, que confiesa haber sido más feliz de lo que suele admitir.

El pasado septiembre, la vida de Concha Velasco (82) daba un giro de 180 grados. Tras 67 años de exitosa carrera decía adiós a los escenarios para siempre.

Han pasado tres meses de ese momento y, aunque no suele conceder entrevistas, la vallisoletana ha roto su silencio para hablar de su nueva vida, mucho más tranquila y familiar.

«Ahora vivo con mi hijo Paco, me han hecho una especie de casa donde no me caben ni los cuadros ni los premios», ha bromeado la intérprete con Julia Otero (62) en su programa de radio. Y, aunque al principio llevaba bastante mal que sus dos hijos la controlaran, ahora su opinión ha cambiado.

No veas lo que se agradece que vengan a abrirte la cama por las noches, ha admitido. Y es que, aunque intenta poner al mal tiempo buena cara, aseguraba no estar en su mejor momento, sobre todo desde que antes de que se desatara la pandemia se rompiera la cadera y el brazo.

«Acabo de cumplir 82 años y me han caído fatal», ha explicado con el sentido del humor que la caracteriza ‘la chica de la Cruz Roja’, quien, de paso ha confesado su mayor miedo: que la recuerden con un aspecto deteriorado. Me cuesta mucho andar, reconoce, explicando también que empezó a plantearse la retirada cuando un día se encontró mala y llorando y decidió irse con su hijo.

BUENA MADRE

La charla con Otero también ha servido para que Concha recuerde a la niña de Valladolid que, desde muy joven, ya deslumbraba: He tenido una carrera estupenda y he sido mucho más feliz de lo que suelo admitir.

Sobre el futuro, y a pesar de ser una de las actrices más premiadas, confiesa que se conforma con que el público la recuerde como «una buena madre y una buena persona». Su final también lo tiene claro y así lo ha hecho saber. Que me entierren con mis padres y después mis hijos que hagan lo que quieran conmigo, afirma con ironía.

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