Charlene, la mujer de Alberto de Mónaco, sumida en la mas profunda tristeza

La celebración del Día Nacional de Mónaco ha vuelto a poner de manifiesto el delicado estado de ánimo de la mujer del príncipe Alberto, que se mostró seria y angustiada durante todo el acto.

La que tenia que haber sido una jornada de alegría y celebración para todos los miembros de la familia Grimaldi se ha convertido, un año más, en una prueba de fuego para Charlene Wittstock.

La esposa de Alberto de Mónaco parece tener verdadera fobia a los actos oficiales y, de hecho, llevaba semanas sin aparecer en público, pero el Día Nacional de Mónaco es una cita a la que no podía faltar. Pero, lejos de mostrar un regreso propio de una princesa, la exnadadora volvió a lucir su peor cara.

Durante los diferentes actos, su cuidado ‘look’ blanco impoluto contrasto con su gesto sombrío, dejándose ver en todo momento séria, triste y hasta con los ojos vidriosos, como si le costase reprimir las lágrimas.

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TENSIÓN ENTRE CUÑADAS

Una actitud incomprensible para muchos y que cuesta entender, no solo por sus responsabilidades como consorte, sino porque ni siquiera las monerias de sus hijos consiguieron arrancarle una sonrisa. Y eso que los mellizos, Jacques y Gabriella, hicieron las delicias de los asistentes, derrochando espontaneidad desde el balcón presidencial del palacio Grimaldi.

Su madre, en cambio, se limitó a saludar con gesto lánguido a los monegascos.

Quizá el hecho de tener que coincidir con sus cuñadas no fue tampoco ningún aliciente para ella, dada la mala relación que, al parecer, mantienen.
Y lo cierto es que eso transmitieron, ya que en ningún momento se vio hablar a Charlene ni con Carolina ni con Estefania de Monaco, sino todo lo contrario. Las tres evitaron mirarse y sus semblantes estaban visiblemente tensos. Una actitud que las hermanas del príncipe Alberto cambiaron por completo cuando se reunieron con el resto de la familia en el interior del palacio. Alló se encontraban Andrea y Pierre Casiraghi, acompañados por sus respectivas esposas y sus hijos, que una vez mas volvieron a acaparar todas las miradas.

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Una estampa de familia unida en la que la única nota discordante era Charlene, quien volvió a estar apartada y sumergida en su tristeza.

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