Charlene de Mónaco: La princesa que dejó de estar triste

A la sudafricana le ha costado muchas lágrimas adaptarse a su vida en palacio, pero justo cuando se cumplen diez años de su enlace con Alberto de Mónaco parece que ha encontrado su sitio. «Soy feliz y sé que soy una privilegiada», asegura.

12 de julio de 2011, Alberto (63) y Charlene (43) de Mónaco se dieron el «sí, quiero» tras cinco años de relación. Todo un acontecimiento que dio la vuelta al mundo, pero en el que lo más comentado no fue, como suele ser habitual, la complicidad de los recién casados, sino la tristeza de la nueva princesa. Y es que, aunque no es raro que las novias se emocionen en sus bodas, el semblante de Charlene durante la ceremonia parecía más bien de angustia y no pudo contener las lágrimas mientras abandonaba la iglesia del brazo de su ya marido para encaminarse hacia su nueva vida. De hecho, un semanario francés llegó a publicar que tres días antes del enlace la exnadadora había abandonado Mónaco «precipitadamente» para embarcarse «en un vuelo sin retorno a Sudáfrica», lo que le reportó el título de novia a la fuga. No tardó en ser rebautizada como la princesa triste debido a su carácter reservado y taciturno, a sus escasas apariciones públicas y a su rostro cada vez más desmejorado. Es más, los rumores de separación esos años fueron constantes, e incluso estos días han vuelto a sonar con fuerza al saberse que han pasado su aniversario separados. Sin embargo, la propia princesa ha explicado que el motivo ha sido una grave infección que contrajo en Sudáfrica y de la que se sigue recuperando allí por recomendación médica, añadiendo: «Este año será el primero que no estaré con mi marido en nuestro aniversario, lo que es difícil y me entristece». Pero el sufrido amor que han forjado a lo largo de una década juntos es más fuerte que cualquier contratiempo.

«NO HAY QUE RENDIRSE»

Eso sí, el camino hasta aquí no ha sido nada fácil y a Charlene le costó mucho pasar de la cruda realidad de la que fue testigo en su Sudáfrica natal a llevar una vida de princesa en la que su mayor responsabilidad era estar perfecta. A esto se sumó que el resto de los miembros de la familia real le hicieron aún más complicada la adaptación al palacio. De ahí que al recordar sus épocas más duras ella misma haya reconocido: «A veces es difícil sonreír, la gente no sabe por lo que estás pasando». Pero a pesar de la fragilidad que transmitía en sus primeros años, poco a poco ha ido demostrando que en el fondo es una mujer fuerte, y este parece ser su lema en la vida: «Es necesario luchar por lo que se cree, seguir avanzando y no rendirse». Un cambio de actitud en el que seguramente han tenido mucho que ver sus hijos, Jacques y Gabriella, que, a sus 6 años, son dos torbellinos que han contagiado a su madre de su desbordante alegría. En gran medida ellos son los que la han dado fuerzas para seguir adelante, para encontrar de una su sitio y para luchar por su amor con Alberto, para el que siempre tiene palabras de agradecimiento: «Es mi mejor apoyo, la persona en quien confío y quien mejor me conoce». Por eso, una década después de darse el ‘si, quiero’, y pese a todos los altibajos por los que han pasado, el balance de Charlene es positivo: «Hay momentos más o menos fáciles, pero soy feliz tal como soy, colmada con lo que vivo y sé que soy muy privilegiada». A juzgar por estas palabras, está claro que Charlene es una mujer nueva por dentro y también por fuera, ya que su cambio de actitud se ha notado incluso en su aspecto. De hecho, cada vez luce una imagen más moderna y arriesgada, que ha sido criticada por los más clásicos por creerla impropia de una persona de la realeza. Pero hace ya mucho que Charlene demostró que no era una princesa al uso y por eso, más segura que nunca de sí misma, afirma: «No quiero ser la imagen de un cuento de hadas».

UNA RELACIÓN COMPLICADA

Lejos de contar con el apoyo de su familia política, la relación entre Charlene y sus cuñadas, Carolina (64) y Estefania (56), nunca ha sido buena. Fuentes cercanas a ellas aseguraron en su momento que en palacio se vivía un «ambiente hostil» y que la exnadadora no era vista con buenos ojos. «Quien más la critica es Carolina», decían.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: