A la reina Letizia no le gusta Mallorca

A la reina Letizia no le gusta Mallorca

El primer verano de la reina en Palma condicionó su visión de las vacaciones en la isla, pues la falta de intimidad, su distante relación con la familia real y su escasa conexión con las aficiones de su marido convirtieron esos días en un infierno.

Mallorca es un destino idílico de vacaciones para muchos turistas, nacionales y extranjeros, que disfrutan de los placeres de este archipiélago perdido en el mar Mediterráneo, plagado de rincones de ensueño, playas paradisíacas, buena gastronomía y una arquitectura impresionante. Para cualquier persona, pasar el mes de agosto en este escenario es un sueño, pero no para la reina, que vive a disgusto sus vacaciones en la isla.

Unos días de descanso que cada año se reducen más hasta pasar a ser algo testimonial para luego dar paso a lo que Letizia (49) si considera sus vacaciones, las privadas en un destino que es siempre como un secreto de estado y que realiza en familia, con Felipe VI (54) y sus dos hijas, Leonor (16) y Sofía (15), y de las que nunca hay fotografías ni información.

Cabe preguntarse por qué a la reina no le gusta la tradición de los Borbones de pasar parte del verano en la isla. No en vano, es el destino favorito de su suegra, doña Sofía (83), que todos los años se instala en el palacio de Marivent con su hermana, la princesa Irene (80), desde que, en 1972, la Diputación de Palma cediera a los entonces príncipes de España la finca para sus vacaciones. Una noticia que la emérita recibió con entusiasmo, encargándose de dirigir personalmente las reformas e inspirándose en el palacio de su familia de Tatoi, en Atenas.

UN GESTO MUY INOCENTE

Para entender el rechazo que siente Letizia no a la isla en sí, ni a sus lugareños, sino al tipo de vacaciones que allí ‘disfruta’, hay que retrotraerse al pasado. Porque como en muchas cosas en la vida, el pasado condiciona las decisiones y opiniones del presente. Y si su llegada al seno de los Borbones fue complicada principalmente por la oposición de Juan Carlos (84) a su relación con su hijo, tildándola de «problema», tampoco fue sencillo su primer verano en Mallorca, en un momento en el que la familia real está unida y todos, los reyes, sus hijos y sus nietos, disputaban juntos de estas fechas en paz y armonía.

Corría agosto de 2004 y una recién casada Letizia se convirtió en el centro de atención de esas primeras vacaciones reales. Unos días en los que se evidenciaron aún más todas las diferencias que la separaban de la que ya era su familia política y que tampoco la acogió con los brazos abiertos. Para empezar, no le fue sencillo acostumbrarse a la ingente cantidad de fotógrafos y periodistas que seguían cada paso que daba para captar cada gesto o detalle. Algo a lo que la familia real ya estaba habituada, pero ella no, por lo que no logró relajarse.

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Muy celosa de su intimidad, Letizia hubiera preferido pasar sus días de descanso sin estar continuamente en el centro de los objetivos, bañándose en la piscina o en el mar con tranquilidad, como había hecho hasta que el príncipe se cruzó en su vida. Una forma de veranear ‘plebeya’ que nunca más se repetiría, o al menos no en Mallorca.

Pero cualquier imagen suya, y más en un entorno no oficial -por ejemplo asomándose a la Ventana de palacio, era muy cotizada, como lo fueron las únicas imágenes de la reina en biquini a bordo del Fortuna, que se hicieron en 2007.

No consiguió gestionar esta falta total de intimidad e incluso intentó que los fotógrafos perdieran el interés por ella vistiéndose varios días con el mismo ‘look’ para ver las regatas de la Copa del Rey. «Me pongo el uniforme de todos los días para ver si se cansan de las fotos», llegó a comentar. Un gesto inocente que no sirvió de nada y que al final logró que Letizia fuera consciente de que su vida personal y familiar iba a quedar expuesta siempre, lo quisiera o no.

Otro escollo importante en esta primera visita a la isla fue la afición de todos los Borbones por la Vela. Una pasión que ella no comparte y que la obligó a seguir las competiciones desde un yate cercano o a quedarse en Marivent esperando que don Felipe compitiera.

De hecho, ninguna de sus dos hijas ha aprendido a navegar ni ha asistido a los cursos de vela a los que eran asiduos todos sus primos y que doña Sofía sufragaba. Los reyes tampoco acuden a la cena de armadores, la gran cita social del verano mallorquín, como hacían los eméritos.

Letizia, que es una mujer muy inteligente, se dio cuenta de que debía encontrar su espacio de ocio y fue quien propuso hacer otros tipos de excursiones a lugares con encanto o atractivo cultural y a zonas del interior de la isla, promocionando así espacios hasta entonces olvidados.

EL EMÉRITO Y SU GRUPO

Otra opción que también tenía la reina era quedarse en el club náutico esperando el fin de las regatas, pero su ambiente nunca le gusto. Tampoco congenio con los amigos de Felipe y siempre se ha dicho que los consideraba unos «pijos». «No le gustan los amigos pijos de Felipe y considera que aquí ‘ no tiene privacidad», confirma la periodista Vanessa Sánchez. La animadversión era mutua porque al círculo íntimo del entonces príncipe tampoco le gusto la elección de su amigo y la apodaron «la jolines» por la cantidad de veces que decía «jolín».

Felipe también compartía salidas con el príncipe Kyril de Bulgaria y con sus primos, los hermanos Gomez-Acebo -que incluso pasaban temporadas en Marivent-, además de con sus compañeros de regatas. Algo que sigue haciendo en citas a las que nunca asiste la reina.

El único amigo del rey con el que se sintió cómoda fue con el cantante Jaume Anglada (49), que también era regatista. Una amistad que se ha ido consolidando con el paso de los años no solo con el cantautor, sino también con su esposa, y es habitual ver a los reyes, a veces acompañados con sus hijas, en los conciertos del cantante.

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En el primer verano de Letizia en Mallorca, Juan Carlos estaba en lo más alto de su popularidad y era querido por todos los españoles, pero los amigos del entonces rey tampoco tenían en mucha estima a la princesa. «Era un grupo de personas con mucho dinero, disfrutones e influyentes. Los llamaban ‘la corte navegante’ porque siempre estaban a bordo de yates, o ‘las amistades peligrosas’, ya que atraían a don Juan Carlos hacia un estilo de vida frívolo que en palacio no gustaba», contó la periodista Carmen Enríquez. Una corte de fieles que, según la revista belga Soir magazine, ayudaron al emérito a expandir los rumores de que Letizia tenía anorexia, en lo que califican como una guerra sucia».

En este ambiente tan complicado, la única buena noticia era que la reina no tenía que convivir con sus suegros bajo el mismo techo, ya que al lado de Marivent se construyeron tres viviendas más para alojar a toda la familia, que iba creciendo cada año. De ahí que Felipe y Letizia se instalaran -y siguen haciéndolo-, en Son Vent, un palacete de quinientos metros cuadrados, ocho habitaciones, jardín y piscina. La única norma, impuesta por doña Sofía, es que toda la familia desayunara junta y después cada uno podía hacer sus planes.

SU FRASE LAPIDARIA

Todos estos detalles están detrás de una frase de Letizia que ya ha pasado a la historia. «Carmen, ¿tú crees que esto son vacaciones privadas? ¢¿Tienes tú la solución? Pues yo tampoco», le dijo a la periodista Carmen Duerto en 2010, refiriéndose a que durante esos días no disfruta de unas vacaciones relajadas y en libertad, sino que realiza un trabajo institucional veraniego. Algo que seguirá haciendo dada su gran profesionalidad, pero sin poder evitar que en su rostro se perciba el fasto que ello le produce.

Así, está previsto que el 28 de julio la familia real aterrice en Mallorca, donde pasaran 10 días en los que se sucederán los habituales actos, excursiones y posados, siempre seguidos por la prensa, para después poder disfrutar de un merecido descanso en la intimidad y el anonimato, eso que parece que es lo que Letizia echa más de menos de su vida anterior.

HogarCarolina Herrera

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